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Archive for the ‘Paleontología’ Category

Basura periodística y otros coprolitos

9 diciembre, 2010 24 comentarios

Siento alterar la plácida tranquilidad de la estética lectura que Ximo nos deja hoy, pero acabo de tener noticia de un hecho que -cómo mínimo- merece nuestra respuesta y repulsa como parte de la comunidad bloguera. Resulta que ayer salió publicado en diversos diarios del grupo Vocento (entre los que se encuentran Las Provincias o ABC) un deplorable artículo de opinión de un conocido humorista de televisión en el cual despotrica sobre la ciencia, centrándose especialmente en insultar la paleontología y a quienes la desempeñan.

La respuesta no se ha hecho esperar y los compañeros del blog El Vinosaurio han publicado hoy la magistral réplica de los paleontólogos Xabier Pereda-Suberbiola (Euskal Herriko Unibertsitatea) y Ignacio Díaz-Martínez (Universidad de La Rioja) a las necias palabras del gracioso charlatán televisivo. Recomiendo su lectura.

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Curiosidades sobre taxonomía: hablemos de mamuts

3 octubre, 2010 58 comentarios

Cuando, a finales del siglo XVII, el naturalista alemán Ludolf describió unos huesos pertenecientes a los que los pueblos de los Urales denominaban Mamantu recogió que las criaturas a la que pertenecían semejantes restos eran una suerte de gigantes bestias excavadoras que se ocultaban bajo el suelo, razón por la que nunca eran vistos vivos. Ludolf utilizó el término mammoutovoi para referirse a esta misteriosa criatura y así la recogió la Royal Society a través de un informe del reconocido científico inglés Robert Hooke. Contemporáneamente a Ludolf, el explorador y diplomático Witsen utilizó en término «mammut» para referirse a las osamentas de dicho animal, llamadas mammatovoykost por los pueblos siberianos. Casi medio siglo después, el célebre naturalista y anatomista francés Georges-Louis Leclerc, conde de Buffon, se refirió en su más conocida obra, Histoire naturelle (1749), a los huesos de bestias relacionadas con los elefantes y procedentes de Siberia, las cuáles denominó mamuts (en francés, mammouths) latinizando el término empleado por las poblaciones nativas que conocían de la existencia de dichos restos. Por aquel entonces, Linneo todavía no había acabado su compendio que sentaría las bases de la nomenclatura taxonómica actual y no fue hasta 1799 que el eminente antropólogo alemán Johann Friedrich Blumenbach estableció el género Mammut asignándolo a unos restos supuestamente pertenecientes a estas bestias extintas.

Sin embargo, los restos que Blumenbach asignó a dicho género no eran los pertenecientes a osamentas de los paquidermos siberianos, sino a unos restos procedentes de Norteamérica atribuídos también a estos supuestos mamuts y que se conocían también por los nombres de “animal de l’Ohio” (Daubenton, 1765) o “American incognitum” (Hunter, 1768). En cambio, el propio Blumenbach englobó a los mamuts procedentes de Siberia bajo la especie Elephas primigenius (elefante primitivo) debido a su parentesco con los elefantes actuales. Tal y como Georges Cuvier había demostrado años antes, el mamut americano y el siberiano pertenecían a linajes diferentes.

Pero, en 1806, el propio Cuvier prosiguió sus estudios con el todavía conocido como “animal de l’Ohio” y, recogiendo trabajos anteriores, describió detalladamente al animal y lo denominó Mastodon giganteus. Cuvier dio ese nombre a la bestia debido a la distintiva forma de sus molares, con cúspides pronunciadas en forma de senos (de ahí su nombre) acentuadamente diferentes de los molares lofodontos de mamuts siberianos y elefantes actuales. Sin embargo, al haber sido nombrado anteriormente por Blumenbach como Mammut americanum fue éste el nombre reconocido siguiendo las reglas de la nomenclatura taxonómica establecidas. Aun así, la designación de Cuvier no cayó ni mucho menos en el olvido y, hoy en día, tanto el Mammut americanum como otras especies del mismo género y familia son conocidas vulgarmente como mastodontes. Es curioso el hecho de lo que actualmente conocemos como mamuts no pertenezcan al género homónimo, sino que sean sus parientes los mastodontes. Los mamuts, muy emparentados con los elefantes actuales, se agrupan hoy bajo el género Mammuthus, descrito en 1828 por el naturalista y anatomista inglés Joshua Brookes.

Molar de mastodonte (izquierda) y mamut (derecha)

Comparación entre las denticiones de un mastodonte (izquierda) y un mamut (derecha). Se observan claras diferencias entre la peculiar bunodoncia del primero y la acentuada lofodoncia del segundo.

A la izquierda, reconstrucción de un esqueleto completo de mamut lanudo (Mammuthus primigenius). A la derecha, ejemplar de mastodonte (Mammut americanum) en el Museo de los Apalches, Saltville (Virginia).

Referencias

Cuvier, Georges. 1806. “Sur le grande Mastodonte, animal très-voisin de l’éléphant, mais à mâchelières hérissées de gros tubercles, dont on trouve les os en divers endroits des deux continens, et surtout près des ords de l’Ohio, dans l’Amérique Septentrionale improprement nommé Mammouth par les Anglais et par les habitans des États-Unis.” Annales du Muséum d’Histoire Naturelle 8:270-312, pls 49-56.

Daubenton, Louis Jean Marie. 1765. Mémoire sur des os et des dents remarquables par leur granduer. Mémoiries de l’Académie royale des science. Paris (1764): 206-209.

Hunter, W. 1768. Observations on the Bones Commonly Supposed to Be Elephant Bones, Which Have Been Found near the River Ohio in America. Philosophical Transactions. 58: 34-45.

Nectocaris pteryx: el cefalópodo del cámbrico que vagó entre artrópodos y cordados

28 mayo, 2010 21 comentarios

Cuando, a mediados de los 70, Simon Conway Morris comenzó a desempolvar el baúl de los recuerdos donde se encontraban los fósiles hallados por Charles Walcott a comienzos del s. XX en un lugar conocido como Burgess Shale, se topó con un espécimen insólito del cual Walcott no había dejado nota alguna a pesar de su buena preservación. El ejemplar en cuestión recibió el nombre de Nectocaris pteryx y Conway Morris lo describió1 dejando entrever que presentaba características similares a los artrópodos, sobre todo en su parte anterior. Sin embargo, el resto del cuerpo no revelaba indicio alguno de rasgos artropodianos, sino más bien de las formas basales de nuestro propio filo: los cordados. Si saber muy bien dónde colocar esta forma quimérica dentro del árbol evolutivo de los animales, Conway Morris concluyó lo siguiente:

«La imposibilidad de resolver definitivamente las afinidades de este organismo no deben ser motivo de sorpresa. La investigación actual está demostrando que varias especies de Burgess Shale no pueden acomodarse en ningún phylum actual.»1,2

Nectocaris parecía ser otro miembro más de los nuevos phyla que iban surgiendo de la reinterpretación de los fósiles de Burgess Shale.

Representación de Nectocaris pteryx siguiendo la interpretación inicial de Conway Morris.

Representación de Nectocaris pteryx siguiendo la interpretación inicial de Conway Morris.

Pues bien, hace menos de 24 horas salía publicado en Nature un artículo3 en el cual, tras el estudio de más de 90 nuevos especímenes de Nectocaris, se ha concluido que  posiblemente se trate del cefalópodo más antiguo conocido hasta la fecha. Los fósiles apuntan a que Nectocaris presentaba sólo un par de tentáculos largos y prensiles, así como un vistoso sifón que le permitiría la propulsión. En contra, no presentaba concha, lo que evidenciaría que la adquisición de ésta se desarrolló en cefalópodos con posterioridad al hiponome o sifón. En cualquier caso, este descubrimiento no sólo nos ayuda a comprender un poco más el origen de los cefalópodos, sino también a resolver un enigma más de la extraña fauna de Burgess Shale, así como reforzar la idea de que la explosión cámbrica posiblemente no fue tan dispar como en un primer momento se pensó.

A la izquierda, uno de los nuevos fósiles de Nectocaris hallados en Burgess Shale. A la derecha, reconstrucción siguiendo la reciente interpretación.

A la izquierda, uno de los nuevos fósiles de Nectocaris hallados en Burgess Shale. A la derecha, reconstrucción siguiendo la reciente interpretación.

1 Conway Morris, S. (1976), «Nectocaris pteryx, a new organism from the Middle Cambrian Burgess Shale of British Columbia», Neues Jahrbuch für Geologie und Paläontologie, Monatshefte, 12: 703–713.

2 Gould, S. J. 1989. Wonderful life: the Burgess Shale and the nature of hitory. New York, W. W. Norton & Company. An ingsightful discussion of what fossils tell us about the nature of life’s evolutionary history.

3 Smith, Martin R and Caron, Jean-Bernard (2010). «Primitive soft-bodied cephalopods from the Cambrian». Nature, 465: 427–428.