Archivo

Archive for the ‘Filosofía de la ciencia’ Category

El origen de la vida como hecho sobrenatural

27 septiembre, 2010 42 comentarios

Los seres humanos siempre buscamos responder aquellas preguntas que en nuestra condición de pensantes consideramos de suprema importancia, preguntas tan profundas que siempre han tenido respuesta en todas las estructuras sociales humanas. Son preguntas constantes, evidentes, que se nos sugieren por el mero hecho de pensar, de existir, de ser humanos. El miedo a dejarlas sin respuesta, ha impulsado siempre a los colectivos humanos a acordar historias, mitos y religiones que tapicen ese gran vacío cósmico, que lo disimulen, de modo que en la inmensidad oscura del abismo el hombre no quede atrapado dando vueltas sin sentido como un insecto atraído por la luz. Las herramientas de las que dispone el hombre para verdaderamente iluminar ese vacío son su propia razón organizada de una modo sistemático y objetivo para alcanzar la verdad, sea cual sea. La ciencia permite, poco a poco rellenar ese vacío de un cemento mucho más sólido que el mimbre de los mitos y las religiones. Y así, no sin la reticencia de los caballeros de la fe, los caballeros de lo infinito han ido destejiendo el sudario de Penélope (inherentemente interminable), tendiendo puentes a la realidad, permitiéndonos domeñarla a nuestro antojo.

Sin embargo, todavía existen abismos que salvar abismos tan densos y maravillosos que producen vértigo incluso desde el más extenso conocimiento de la ciencia del momento. Cuando digo que no me parece extraño que ante el origen de la vida alguien se posicione a favor de la estéril consideración metafísica de una génesis divina, lo digo desde el conocimiento de la profundidad del abismo de la cuestión. Aunque la complejidad del problema pueden hacerla comprensible, la postura es intelectualmente poco deseable. La naturaleza no científica de esta posición es más que evidente pues bebe de la perniciosa causalidad sobrenatural que ab definitio no puede ser contemplada con los ojos de la razón sino con los de la fe. La voluntad exterior que se suele invocar para animar lo inanimado, para originar la vida, puede encontrarse vestida con el manto pesado de las religiones, o, en el otro extremo, puede ser el muro con el que un científico se encuentra tras dedicar su vida al esclarecimiento de la cuestión. Este último es el más peligroso pues la aceptación de esta posición intelectual conlleva detener la maquinaria de verdad que es la ciencia. Aceptar que el origen de la vida es un hecho sobrenatural nos limita como mucho a describir el momento del toque divino, nos lleva a considerar fútil cualquier intento de esclarecer el misterio con las herramientas de la razón y, por último, nos deja un nuevo vacío teogónico que tarde o temprano la religión se encargará de tapizar. No obstante, no nos lleva necesariamente a pensar que la vida terrestre se encuentra sola en el universo. Este refinamiento vendrá dado por las distintas posiciones antropocéntricas o no que ostenten los que se posicionan en la cómoda postura de un origen metafísico de la vida. El gran fecundador extranatural puede haber preñado de vida el universo o podemos ser el simple divertimento puntual en su eterno aburrimiento.

Ciencia básica y pragmatismo: la genética de poblaciones

6 octubre, 2009 6 comentarios

 

Why, sir, there is every probability that you will soon be able to tax it!
Said to William Gladstone, the Chancellor of the Exchequer, when he asked about the practical worth of electricity.

— Michael Faraday

 

Cuando a un científico básico se le pregunta acerca de la utilidad de su investigación su respuesta varía en función del contexto en el que se encuentra. Dependiendo de si quienes le hacen la pregunta son los políticos que lo subvencionan, los medios de comunicación o son colegas próximos a su trabajo la respuesta puede variar desde un taxativo sí, falazmente justificado, hasta el más absoluto desprecio por el conocimiento aplicado. En este abanico de opiniones, se observa qué actitud toma la sociedad frente a la ciencia en general, demandando resultados cuasi inmediatos de esta gran empresa humana que sostiene económicamente. Esto se opone al pensamiento del científico fundamental, curioso entre los curiosos, que simplemente presenta interés en desentrañar la estructura de la realidad , por muy alejado que esté este conocimiento de alguna aplicación práctica. Sin embargo, la ciencia básica acaba retornando a la sociedad todo aquello requerido para su desarrollo en forma de marco teórico fundamental sobre el cual las aplicaciones cobran sentido y surgen otra nuevas. ¿Cómo puede ser que la paradoja inicial sentada entre el espíritu del teórico y la necesidad de la sociedad quede al final solventada? La razón estriba en que los intereses de los científicos básicos son, con frecuencia, muy fundamentales. Por decirlo de otro modo, estudiar el número de pelos que tiene de media un ornitorrinco a los 2 años podría considerarse “básico” en tanto que no reporta ninguna aplicación – excepto peluqueros de ornitorrincos- pero de ninguna manera este caso particular puede considerarse fundamental. Al contrario que los insectos nocturnos, cuánto más oscuro es el camino más atrae este al científico que lo tratará de iluminar con la luz de la razón. El interés por lo fundamental hace que la ciencia básica acabe no sólo mejorando el entendimiento, y , por ende, las aplicaciones presentes en el momento de su desarrollo sino que sirven de cimientos para otra nuevas que reportarán futuros beneficios. Para ello la teoría debe ser manejable matemáticamente, presentando un alto grado de cuantificación.

 

Como hemos visto, la ciencia acaba pagando. Pongamos un ejemplo de un campo qué no le es cercano a la sociedad pero que presenta un marcado carácter teórico y fundamental en su concepción: la genética de poblaciones. Esta disciplina de la biología estudia las fuerzas que modifican las frecuencias de los alelos en las poblaciones de organismo biológicos. La disciplina pretende explicar fenómenos evolutivos atendiendo a los cambios en las frecuencias genotípicas. Las implicaciones fundamentales para la biología de esta disciplina son más que evidentes, siendo, junto con la ecología uno de los poco campos eminentemente teóricos y propios de la biología. ¿Qué aplicaciones prácticas puede reportar tener un mayor conocimiento de los mecanismos que modifican las frecuencias de los alelos en las poblaciones? Si bien fue una fuente importante de conocimiento empírico para el desarrollo de la genética de poblaciones, la mejora por cruzamientos tanto de plantas como animales se enriqueció con el desarrollo de la misma teoría permitiendo una mayor control en el proceso de mejora. Por otro lado, la adquisición de un modelo nulo ideal (ley del equilibrio de Hardy-Weinberg) fue de suma importancia a la hora de poder analizar desviaciones de esta situación ideal como la endogamia o una presencia anómala de dobles recesivos en una población. Ya en el sentido más general de aplicación, no sólo aquella que reporta un beneficio para el hombre, el marco teórico establecido por la genética de poblaciones es ampliamente utilizado en la conservación de poblaciones naturales para poder preservar la diversidad de patrimonio genético de estas. Estas aplicaciones del conocimiento teórico alcanzado por la genética de poblaciones son posibles gracias a la alta matematización de la disciplina que la distingue de otras ramas teóricas de la biología más cualitativas. Con estas y otras aplicaciones, la genética de poblaciones ya está pagando el peaje a la sociedad que permite la existencia de la torre de marfil.