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Archive for the ‘Estética de la ciencia’ Category

The Mind of God

7 abril, 2011 2 comentarios

Para reavivar un poco el blog, os pongo una de las tiras más curiosas que encontré en la magnífica web de abstrusegoose.com Como siempre ocurre con lo que dibuja esta persona, entretiene, divierte y hace pensar.

Is it possible to imagine anything so ridiculous as this miserable
and wretched creature, which is not so much as master of himself,
exposed and subject to offenses of all things; and yet dareth call
himself master and emperor of this universe in whose power it is
not to know the least part of it, much less to command the same?
And the privilege, which he so fondly challengeth, to be the only
absolute creature in this huge world’s frame perfectly able to know
the absolute beauty and several parts thereof, and that he is only of
power to yield the great Architect thereof due thanks for it, and
keep account both of the receipts and layings-out of the world!
Who hath sealed him this patent? Let him show us his letters of
privilege for so noble and so great a charge.

—Michael de Montaigne, An Apology of Raymond Sebond, 1568

 

La belleza de la flor

9 diciembre, 2010 8 comentarios

La contemplación de los fenómenos naturales más simples es con frecuencia suficiente para obliterar nuestros limitados sentidos. Nuestra capacidad de percepción y gestión del mundo externo se ve desbordada por los más ínfimos detalles, las variaciones más erráticas o los sucesos más efímeros. Podemos maravillarnos ante la hermosa estampa que supone ver el fondo de un valle, quedarnos sentados a contemplar y saborear cada detalle del espectáculo. Un ave simplemente vería en el valle las fuentes de alimento, los posibles refugios y los peligrosos sonidos de los depredadores. Los seres humanos, como el ave, podemos evaluar el entorno tomando sólo aquello de interés en un determinado esquema de acción y, a la vez,  dedicarnos a que la realidad permee en nuestro cerebro a través de los sentidos despertando y modificando relaciones mentales alguna vez generadas. Sin embargo, podemos ir todavía más allá de responder a nuestros más atávicos instintos que gestionan la realidad de un modo adecuado para la supervivencia. Podemos realizar el proceso mental de la abstracción, virtud el cual desarrollamos sistemas de pensamiento que permiten detectar las regularidades presentes en la naturaleza para llegar a un nuevo nivel de comprensión. Cuan inútiles son nuestros sentidos y el simple proceso de aprehender la realidad, cuan desdichados seríamos si sólo pudiésemos ver lo evidente, si de la flor solo pudiésemos percibir su delicada forma, su grácil olor. Como diría Feynman, nos perderíamos las dimensiones adicionales de belleza singular que derivan del conocimiento de la trayectoria evolutiva de la especie de la flor, perderíamos todo aquello proporcionado por nuestro sexto sentido organizado: la ciencia.

La abstracción, aunque útil herramienta puede llegar a desvirtuar la imagen que tenemos del mundo si no se acompaña de la cautela efectiva necesaria. Con menos libertad que los matemáticos, los científicos podemos jugar con el mundo teorético de Hyalea  siempre y cuando no nos olvidemos que pretendemos explicar la realidad. Si nos olvidamos del fin último de nuestros juegos podemos acabar creando maravillosas teorías que no refieren a nada o, en el peor de los casos, sobre simplificando un problema de modo que nuestra solución nada tiene que ver con la situación real.