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Archive for the ‘Biografías’ Category

Las flores del futuro

29 septiembre, 2010 26 comentarios

Science is my territory, but science fiction is the landscape of my dreams.

Freeman Dyson

La ciencia ficción, un género literario que nos permite explorar infinitos futuros concebibles desde una perspectiva imaginativa asentada en la ciencia, debería ser frecuentada por todos los científicos. En mi opinión, constituye una poderosa herramienta para especular en torno a la tecnociencia y su impacto social. Además de su vertiente puramente lúdica, sus capacidades prospectivas, admonitorias, alegóricas, experimentales y didácticas son realmente sorprendentes. Me atrevería a decir que las obras especulativas de ciencia ficción a menudo aportan más intuición sobre los mundos pasados y futuros que cualquier tratado sociológico, porque la intuición requiere imaginación.

La ciencia ficción nace ya con todas sus características actuales de la genial mano de Herbert George Wells (1866-1946). A pesar de una infancia dickensiana, este man of genius logró abrirse camino en el mundo académico gracias a su preclara inteligencia que le permitió estudiar biología con Thomas Henry Huxley. En 1895 publicó The Time Machine y le siguieron en rápida y prodigiosa sucesión The Island of Doctor Moreau (1896), The Invisible Man (1897), The War of the Worlds (1898) y The First Men in the Moon (1901). No conozco de otro literato que escribiese tantas obras maestras en tan poco tiempo. Obras que han encendido la imaginación de generaciones enteras. Borges llegaría a escribir “De la vasta y diversa biblioteca que nos dejó, nada me gusta más que su narración de algunos milagros atroces. The Time Machine, The Island of Dr. Moreau, The Plattner Story, The First Men in the Moon. Son los primeros libros que yo leí; tal vez serán los últimos… [Espero sinceramente que lo fueran] Pienso que habrán de incorporarse, como la fórmula de Teseo o la de Ahasverus, a la memoria general de la especie y que se multiplicarán en su ámbito, más allá de los términos de la gloria de quien los escribió, más allá de la muerte del idioma en que fueron escritos[1].

Edición anotada de Penguin Classics (2005)

Este año se han cumplido 115 años de la publicación de una de sus mejores creaciones, The Time Machine, y que este verano he tenido la oportunidad de volver a leer, esta vez en versión original. Se trata sin duda de una de las más sombrías visiones del futuro humano que se hayan imaginado. Escritores posteriores como Aldous Huxley (nieto del profesor de Wells) o George Orwells escribirían sus propias visiones desagradable del futuro, pero en mi humilde opinión ninguna iguala a The Time Machine como obra de arte. En ella el Viajero del Tiempo se encuentra con que en el año 802.701 E.C. la especie humana ha divergido en dos especies antagónicas. Elois y Morlocks. Los Elois son bellas criaturas frugívoras de naturaleza infantil, pero estúpidos, débiles e inútiles. Los carnívoros Morlocks, repugnantes criaturas albinas que viven en laberínticas y mecanizadas ciudades subterráneas, crían a los Elois como a ganado en una superficie que ha devenido un paraíso terrenal gracias a la aplicación sistemática del conocimiento científico en un pasado ya mítico. En las noches sin luna, los Morlocks salen a la superficie y bajo la débil luz de las estrellas devoran a los atemorizados Elois que tratan de refugiarse inútilmente en gigantescos, pero decadentes palacios. El Viajero del Tiempo finalmente regresa del porvenir trayendo dos flores marchitas que florecerán al cabo de milenios, unas flores que dieron mucho que pensar a Borges. “Más increíble que una flor celestial o que la flor de un sueño es la flor futura, la contradictoria flor cuyos átomos ahora ocupan otros lugares y no se combinaron aún” escribió el argentino[2].

Morlocks en la versión fílmica de George Pal (1960)

El propósito de Wells con esta dramática novela no era predecir, sino advertir. Utilizando su talento como escritor, imaginó posibles futuros para ampliar nuestra cosmovisión, pero también para cargarnos de responsabilidades de índole moral. Wells fue el primer escritor que sitúo a sus protagonistas, con sus pasiones y debilidades, en el contexto de la evolución darwiniana, combinando su comprensión del alma humana con su abierta hostilidad hacia los atavismos de nuestra especie. En su opinión, una especie imperfecta cuyas flaquezas internas, más que las calamidades externas, podían abocarla a un trágico final. Lo cierto es que Wells estaba profundamente enfurecido con nuestra especie por sus locuras, especialmente con el capitalismo cuyas miserias había sufrido en sus carnes bajo la forma del sistema de clases victoriano. Un sistema en el que los desheredados se veían arrastrados a una vida de ignorancia, brutalidad y fealdad, y en el que los refinamientos de la cultura y el arte eran territorio exclusivo de los indolentes burgueses. Wells advertía a sus lectores, principalmente de las clases altas, de que la iniquidad de su sociedad los conduciría a un mundo horrible de crueldad extrema. Realmente es imposible conocer si la pluma de Wells consiguió cambiar directamente algo las cosas, pero me gustaría pensar que si. Desde la publicación de The Time Machine, un éxito de ventas, y hasta su muerte en 1946, Wells se convirtió en uno de los escritores más leídos sobre temas sociales en Inglaterra. Durante esos 51 años abogó incansablemente, junto a sus colegas de la Fabian Society, por el socialismo, la ciencia, el progreso tecnológico y los derechos de la mujer. Wells fue sin duda an important liberator of thought and action en palabras de Bertrand Russell.

El futuro es impredecible, pero quiero creer que no nos espera ninguna pesadilla similar a las imaginadas por Wells. Espero que aquello que hay de noble en nosotros (en innumerables momento dudo de esa nobleza pero entonces leo alguna historia similar a ésta y me convenzo, iluso de mi, en lo contrario) acabe prevaleciendo sobre nuestros demonios. Os dejo con las palabras finales del narrador de The Time Machine, y con su confort:

But to me the future is still blank –is a vast ignorance, lit at a few casual places by the memory of his story [la del Viajero del Tiempo]. And I have by me, for my comfort, two strange white flowers –shrivelled now, and brown and flat and brittle- to witness that even when mind and strength had gone, gratitude and a mutual tenderness still lived on in the heart of man.


[1] “El primer Wells”, en Otras Inquisiciones.

[2] “La flor de Coleridge”, en Otras Inquisiciones.

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Categorías:Biografías, Libros

Dos genios por el precio de uno: Antonio Lazcano y Stanley Miller en la Universitat de València

Antonio Lazcano (izquierda) y Stanley L. Miller (derecha)

Cuando la genialidad se encuentra con una capacidad inusitada para llegar al accumbens de una audiencia heterogénea, se dan casos tan sorprendentes como el que tuvo lugar el pasado jueves a mediodía. Antonio Lazcano, catedrático del Origen de la Vida de la UNAM y anterior presidente de la prestigiosa sociedad de astrobiología y estudios sobre el origen de la vida ISSOL, impartió una conferencia sencillamente magnífica sobre los estudios de Stanley L. Miller acerca del origen abiótico de la materia orgánica en la Tierra primitiva. Fue una charla llena de anécdotas, de ingenio y de significado. Lazcano, con su característico estilo ameno y próximo, consiguió embelesar a un público que disfrutó enormemente la experiencia, a menudo a carcajada limpia. Para todos los interesados, entre los que probablemente destaquen los muchos compañeros que por una u otra razón no pudieron asistir, resumiré algunos de los puntos tocados, esperando no quedarme en lo superfluo a pesar de la síntesis.

Entre otras cosas, Lazcano quiso subrayar que Miller hizo muchísimo más que su tan famoso experimento clásico. Muchas repeticiones y variaciones, y una gran cantidad de resultados que fueron metódicamente anotados y caracterizados, aun sin ser todos ellos publicados. No entraré en detalles, ya que probablemente me quedaría en la punta del iceberg. Es interesante, aún así, comentar que el registro era tan detallado que las notas y los materiales almacenados pudieron servir años después a otros investigadores para retomar con precisión estos estudios.

Hubo tiempo también  para hablar de los últimos momentos de la vida de Miller, lo cual derivó en una conmovedora historia de amistad que finaliza con la publicación de su último artículo. Tras dos embolias, Stanley estaba débil y desganado, lo cual llevó a algunos de sus más cercanos compañeros a proponerle una última aventura intelectual. En los primeros trabajos de Miller, éste y Harold Urey emplearon una composición atmosférica reductora que ha sido posteriormente criticada, por lo que Lazcano, Jeff Bada (uno de los más exitosos estudiantes de Miller) y otros le propusieron a su maestro trabajar con una composición atmosférica neutra y comprobar cuáles eran los resultados. Así, tras 48 horas con un input de descargas eléctricas y de gases entre los que predominaban CO2 y N2, comprobaron que los productos eran fundamentalmente inorgánicos. Sin embargo, se dieron cuenta de que ello podía ser el resultado de trabajar con unas condiciones poco realistas, en las que se inhibían las rutas de síntesis química de aminoácidos, entre otras moléculas orgánicas. Dos factores más debían ser tenidos en cuenta: pH (debía ser aproximadamente neutro, y podría haber influido la presumible abundancia de CO32-) y presencia de antioxidantes (probablemente niveles significativos de Fe2+ –en los experimentos utilizaron ácido ascórbico–). En estas nuevas condiciones, sí aparecían niveles elevados (unos dos órdenes de magnitud mayores) de aminoácidos y otras moléculas orgánicas. En definitiva, un artículo muy interesante de donde pensaban que no podrían obtener resultados esclarecedores. Por desgracia, Stanley no llegó a verlo publicado. No obstante, sus amigos tenían la certeza de que la estimulación que le indujo la investigación fue un agradable apoyo en un momento terriblemente difícil.

Por otro lado, esta anécdota fue resaltada por Lazcano como uno de los más importantes mensajes a tener en cuenta, señalando especialmente a investigadores jóvenes: nunca están las cuestiones completamente resueltas y es posible retomar líneas experimentales olvidadas, obteniendo con ello nuevas conclusiones. Ilustró esta moraleja con una historia bíblica (aclarando que el trasfondo religioso era irrelevante), aquélla en la que dos ángeles fueron a evacuar a Lot y a su familia de Sodoma y les previnieron que no debían mirar atrás mientras la ciudad era destruida. La historia termina con la mujer de Lot convertida en una estatua de sal, por haberse dado la vuelta aun habiendo sido avisada. Lazcano resaltó entonces que ningún investigador o investigadora ha quedado nunca convertido en una estatua de sal por haber revisitado temas ya estudiados.

Antonio Lazcano durante su conferencia en el Parc Científic de la Universitat de València. A la izquierda se aprecia una imagen en la que se representa la huida de Sodoma de la familia de Lot, con su mujer convertida en una estatua de sal. Cortesía de Fernando González.

Con todo, fue una conferencia impresionante por tema y estilo. Es una suerte ser unos beneficiados colaterales de la buena relación del profesor Lazcano con sus amigos valencianos. Un científico superlativo y una persona cercana y risueña. Esperamos su vuelta con ganas.

José Saramago (1922-2010): descaro, franqueza y cordura

Pese a su poca relación con los temas que tocamos habitualmente en este blog, he considerado importante hacer un pequeño comentario acerca de la muerte de este gran hombre, el pasado viernes, día 18 de junio. Con una mezcla prodigiosa de lucidez y energía, José Saramago fue un acérrimo defensor del racionalismo y el escepticismo, y un áspero crítico de las decisiones políticas de su país, en las últimas décadas. Sin duda, ha llegado a ser uno de los estandartes del ateísmo y el comunismo. Entre su amplísimo historial de galardones, destaca el ser uno de los pocos receptores del Nobel (1998) que nos quedaba cerca, y haber sido investido doctor Honoris Causa por multitud de universidades del mundo (entre las españolas: la Autónoma de Madrid, la de Salamanca, la de Castilla la Mancha, la de Sevilla, la de Las Palmas de Gran Canaria y la Universidad Politécnica de Valencia, que tiene una calle en su campus con el nombre del escritor portugués). De entre sus textos, he de nombrar el célebre Ensayo sobre la ceguera, que me impactó tremendamente y del cual algunos pasajes me siguen generando respingos al recordarlos. Recomiendo hacer un pequeño homenaje a este simpático e inquebrantable señor, leyendo alguna de sus cortas pero profundas obras.

Es cierto que ésta no es más que una muestra de la inevitable realidad biológica de la que formamos parte, pero igual de irremediable es el sentimiento de pérdida de una fuente de perspicacia y sensatez, como lo era Saramago.

Cabe recordar que ésta no ha sido la única muerte notable de los últimos meses. Sin pretender ser fúnebre o macabro, sino más bien melancólico, no puedo dejar de mencionar otros nombres. El más reciente de ellos ha sido Miguel Delibes, que ha dejado vacante el sillón “e” de la RAE. A finales del año pasado otro sillón, el de la “Z”, quedó vacío por la muerte de Francisco Ayala (no confundir con el evolucionista). Y, por supuesto, no nos olvidamos del genial artista uruguayo Mario Benedetti, autor de algunos de los poemas que más robustamente han quedado anclados en mi memoria.

En el ámbito científico, podemos lamentar la muerte del filósofo y matemático Martin Gardner, reconocido divulgador de la ciencia y las matemáticas y autor de la afamada edición anotada de los cuentos de Alicia, de Lewis Carrol. Por otra parte, hace un año nos hablaba Borja del fallecimiento de Brian Goodwin, nombrándolo por su apodo de “el poeta de la biología teórica”. Otras entradas a recordar son las que evocan las figuras de John Maddox y de Stanley Miller (ésta última es más antigua, pero la cito por su significatividad), ambas extraídas del bloc de Juli Peretó.

Categorías:Biografías, Noticias

Oparin y el origen de la vida

El origen de la vida es, sin duda, una cuestión que surge inevitablemente en cualquier mente inquieta y que ha sido tratada desde todos los ángulos por una multitud de religiosos, filósofos y científicos a lo largo de la historia. Hoy en día, si bien estamos más cerca de la respuesta, aún se mantiene inexpugnable.

Uno de los mayores hitos en el desarrollo del conocimiento en torno al origen de la vida fue el marcado por la obra de Aleksandr Oparin (1894-1980), un bioquímico soviético que eliminó los restos del vitalismo durante el segundo cuarto del S.XX, estableciendo que no existe ninguna diferencia fundamental entre materia interte y materia viva y que, por tanto, la segunda pudo formarse espontáneamente a partir de la primera. Publicó en 1936 un libro titulado El origen de la vida, que tuvo una gran influencia en posteriores aproximaciones a este campo. De hecho, sirvió de semilla conceptual para el famoso experimento que llevaron a cabo el ya Premio Nobel Harold Urey y su joven estudiante de doctorado, Stanley Miller, en 1952.

Hace cuatro años la Universitat de València publicó dos textos bajo el título conjunto de L’origen de la vida. El segundo de ellos, de sólo 15 páginas, surgió de la mano del gran John B. S. Haldane, y tal vez hablemos sobre él más adelante. El primero, unas 5 veces mayor, fue escrito en 1924 y recoge los principios básicos del origen de la vida según el bioquímico ruso. Está dividido en 5 secciones: (1) historia de la falsación de la generación espontánea como mecanismo formador de organismos complejos, (2) introducción y crítica a la teoría de la panspermia , (3) defensa de la no diferenciación entre materia viva y materia inerte, (4) historia de la Tierra y formación de moléculas orgánicas y (5) propuesta del origen de la vida en el océano primitivo. Y, todo en 71 páginas. El resultado es un impagable texto histórico que, si bien no acertó en todas sus proposiciones (especialmente en lo referente al origen y evolución de los coacervados), sí evidencia la gran cantidad de puertas que dejó abiertas para estudios posteriores. En el prólogo de este libro escribe Juli Peretó (quien ha sido recientemente secretario de la Sociedad Internacional para el Estudio del Origen de la Vida, asociación de la cual uno de sus fundadores fue precisamente Oparin):

Però el mèrit de les seues aportacions no es troba en els detalls – que al capdavall no poden defugir la variació en sintonia amb els nous coneixements científics – sinó en el fet d’haver configurat un programa d’investigació teòric i experimental sobre l’origen de la vida, definitivament allunyat de les especulacions metafísiques o religioses.

Por cierto, y ya que me he puesto con las citas, quiero añadir que me han gustado mucho las últimas frases del opúsculo de Oparin, muy seductoras en las palabras de la traductora Natalia Inness:

Tot un exèrcit de biòlegs estudia l’estructura i l’organització de la matèria viva, mentre que un nombre no inferior de físics i químics cada dia ens revela propietats noves de la matèria inerta. Com dos grups de treballadors que perforen els dos extrems oposats d’un túnel, persegueixen el mateix objectiu. El treball ha avançat ja un llarg trajecte i molt, molt aviat, sota l’atac del treball pacient i el poderós treball científic, cauran les últimes barreres entre allò viu i allò inert.

Esta doble naturaleza ya no es tal en la actualidad. Los enfoques actuales, si bien variados, son altamente interdisciplinares. Será, tal vez, que estamos más cerca del centro.

PS: Aún a riesgo de arruinar la buena imagen que pretendía dejar de Aleksandr Oparin, no quería cerrar la entrada sin recordar que, tristemente, nuestro autor acabó engrosando las tenebrosas filas del camarada Lysenko. Por mucho que nos pese.

Viaje por las Europas (I): Abadía de Santo Tomás (Brno)

23 agosto, 2009 2 comentarios

El agobiante calor de este año, por suerte, no me ha cogido de lleno. La estrategia ha consistido en evitar salir de casa y, cuando ha sido posible, evitar permanecer en la ciudad. Durante dos semanas, entre julio y agosto, emigré al norte junto a cinco amigos (entre ellos, una de las autoras ausentes de este blog) y recorrimos Frankfurt, Baden-Baden, Estrasburgo, Múnich, Salzburgo, Viena, Budapest y Berlín. Espectacular.Uno de los lugares más interesantes sobre los que pude poner pie fue la abadía agustina de Santo Tomás, en Brno. Igual que nos pasó al caminar bajo la Puerta de Brandenburgo, sobrecoge situarse en un lugar donde se ha escrito la historia.

Johann Mendel, que tomó el nombre de Gregor al ingresar en la abadía, estudió en aquel lugar meteorología, comportamiento y diversidad de las abejas y las leyes de la herencia en plantas. Paseamos sobre el terreno donde se erigía el invernadero, y caminamos alrededor del huerto exterior. Casi podíamos oler los guisantes.

Mendel, tras ingresar en la abadía, cursó estudios agrícolas en el Instituto de Tecnología de Brno y estudió física, matemáticas, historia natural y anatomía y fisiología vegetal en la Universidad de Viena. Un año después, se construyó el invernadero en el jardín de la abadía, por orden del abad Napp, quien fue un impulsor intelectual para Mendel a lo largo de sus últimos años de vida. Fue entonces cuando realizó sus famosísimos experimentos de hibridación de plantas. Tras la muerte del abad, fue Mendel quien su sustituto. Sin embargo, mantuvo sus trabajos de investigación, especialmente con sus observaciones de meteorología y sus estudios sobre la diversidad de las abejas. Murió en 1884 siendo un importante miembro de la Sociedad de Ciencias Naturales de Brno y de la Asociación Meteorológica Austríaca (de la que fue fundador), pero como un completo desconocido a nivel mundial.

Siempre que pienso en todo lo que hizo este hombre, me pregunto qué hubiera sucedido si su obra no hubiera caído en el olvido durante más de treinta años hasta su redescubrimiento por Correns, de Vries y von Tschermak, en 1900, y la traducción al inglés de su obra por Bateson, un año más tarde. ¿Hubiera llegado antes la síntesis moderna? ¿Qué impacto hubiera tenido su obra? Mendel murió en 1884, ¿hubiera llegado a ver cómo se le relacionaba con las tesis darwinistas? ¿Cómo hubiera reaccionado ante ello?

Personalidad muy curiosa. Desde luego, me gustaría saber más sobre él. Por desgracia, el Mendelovo Muzeum cerraba exactamente a la misma hora a la que llegamos, y no pudimos entrar. En fin, quedará pendiente para nuestra próxima visita a Brno (bonita ciudad y precioso país, por cierto).

Categorías:Biografías, Otros

Adéu a Brian Goodwin

24 julio, 2009 5 comentarios

És curiós com l’atzar es troba present en el dia a dia. Fa poc vaig començar a llegir Las Manchas del Leopardo, de Brian Goodwin. El llibre, el qual recomane a tothom, constitueix un impressionat punt de partida per a aprofundir-se no sols dins de la biologia teòrica i de la rellevància que poc a poc va tenint la biologia evolutiva del desenvolupament dins de la teoria de l’evolució, sinó també (com assenyala més avant) de com el replantejament de la nostra pròpia naturalesa biològica derivada de les ciències de la complexitat està portant a una ciència de qualitats, la qual ens pot ajudar en la recerca d’una relació més equilibrada amb la resta de membres de la nostra societat planetària. Cal dir que el títol fa referència a que els trets que defineixen el neodarwinisme -sensu stricto– són com les taques d’un lleopard, el qual està canviant de pelatge: es qüestionen de tal manera que provoquen una alteració a la fisionomia de la pròpia biologia tradicional. Però la notícia que vull destacar ací no és el llibre, sinó l’autor.

Resulta que ahir em vaig assabentar de la mort als 78 anys d’edat de qui ha estat considerat el “poeta de la biologia teòrica”. Feia poc més d’una setmana (morí el passat 15 de juliol) de tan trist esdeveniment del qual poc ressò (almenys, menys del que m’esperava) he trobat arreu la xarxa. Goodwin, del qual al llarg de tots els seus treballs, llibres i publicacions es pot extreure la seua visió clarament posicionada en contra del reduccionisme genètic i, entre altres, va ser qui demostrà que existeixen dinàmiques al desenvolupament que limiten les possibilitats de variació morfològica deguda a les recombinacions del DNA: les anomenades restriccions evolutives o constraint. Aquesta noció significà un important canvi en el pensament evolutiu des d’ençà, ja que reconsiderava que la selecció natural fóra l’unica cosa que “guiés” l’evolució dels organismes, doncs els sistemes de desenvolupament estan restringits per patrons morfogenètics que limiten el conjunt de variants possibles. A banda, Goodwin advocà per la unificació de la ciència i les humanitats, a més de ser també una de les principals personalitats en promoure la visió holística de la sostenibilitat i el desenvolupament del món.

Ens deixa un dels grans dins del camp de la biologia evolutiva i de la ciència en sentit ampli, però ens queda tota la seua obra com a llegat.

Categorías:Biografías, Libros

Un invitado estrella para la inauguración

No se me ocurre mejor manera de darle el primer empujón a este blog que recordando la todavía cercana investidura como Doctor Honoris Causa de uno de los pensadores más sobresalientes de la actualidad. Con este acto, la Universitat de València honró no sólo al espléndido Richard Dawkins, sino también a sí misma y al resto de la red universitaria.

Imagen cogida de Pakozoico (¿Alguien me puede pasar las fotos por e-mail?)

Algunos de nosotros tuvimos la oportunidad de asistir y hacernos una foto inmortal con él (¡además, pidió que repitiesen la misma foto con su propio móvil!). En fin, alucinante, como toda la ceremonia. Y desde luego no tuvo precio el poder ver a aquel conjunto de respetados profesores con las togas y los birretes de todos los colores imaginables (¿¡alguien sabe dónde podemos averiguar qué color pertenece a cada facultad!?).

Richard Dawkins es el primer titular de la recién creada Cátedra Charles Simonyi para la Divulgación de la Ciencia, en la Universidad de Oxford. Es etólogo, biólogo evolutivo y escritor. Se ha ganado un nombre en la cultura popular por su fuerte implicación en campañas contra el creacionismo y el pensamiento religioso como sinónimo de fe dogmática, apoyando en todo momento una actitud escéptica, crítica y racional. Autor de numerosos artículos, libros, vídeos e iniciativas de todo tipo. Son tantas las líneas que le podríamos dedicar, y puesto que el blog acaba de nacer y no pretendo que escribamos una enciclopedia, comentaré a continuación sólo una parte de su obra escrita.

Entre sus varios libros, destacan «El gen egoísta» y «El espejismo de Dios». El primero habla del gen como unidad evolutiva fundamental y ha tenido repercusiones asombrosas en sus lectores. El propio Dawkins comenta en su libro «Destejiendo el arco iris» que un profesor europeo le había escrito después de que una estudiante suya hubiera llegado llorando a clase tras leer «El gen egoísta» porque de repente la vida le parecía algo vacío y carente de propósito. Esto lo añadía después de comentar que un editor de este mismo libro le dijo que no había podido dormir en tres noches, tras leerlo. Por su parte, el revuelo que ha levantado «El espejismo de Dios» por sus continuos y atrevidos ataques contra la religión ha hecho de él un tremendo éxito de ventas. Este libro contiene las bases de por qué se le conoce como un ateo convencido y orgulloso, llegando hasta el punto de que la Alianza Atea Internacional otorga un Premio Richard Dawkins a aquellos que contribuyan al triunfo del ateísmo sobre la irracionalidad religiosa, entre cuyos ganadores se encuentran Ann Druyan (novelista y guionista estadounidense, tercera esposa de Carl Sagan), James Randi y Penn&Teller (los tres son ilusionistas que se dedican a desenmascarar trucos y fraudes de supuestos brujos, médiums y magos), la política y feminista holandesa Ayaan Hirsi Ali (dura crítica del islam) y el filósofo de la ciencia estadounidense Daniel Dennet (cuyas ideas son bastante próximas a las de Richard Dawkins). Otros de sus libros destacados son «El fenotipo extendido», «Escalando el monte improbable», «El relojero ciego», «El capellán del diablo» y «Destejiendo el arco iris». Todos tienen muy buena pinta.

Actualmente estoy leyéndome este último. En cuanto los trabajos y exámenes me dejen, lo acabaré y os contaré qué tal.