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La belleza de la flor

La contemplación de los fenómenos naturales más simples es con frecuencia suficiente para obliterar nuestros limitados sentidos. Nuestra capacidad de percepción y gestión del mundo externo se ve desbordada por los más ínfimos detalles, las variaciones más erráticas o los sucesos más efímeros. Podemos maravillarnos ante la hermosa estampa que supone ver el fondo de un valle, quedarnos sentados a contemplar y saborear cada detalle del espectáculo. Un ave simplemente vería en el valle las fuentes de alimento, los posibles refugios y los peligrosos sonidos de los depredadores. Los seres humanos, como el ave, podemos evaluar el entorno tomando sólo aquello de interés en un determinado esquema de acción y, a la vez,  dedicarnos a que la realidad permee en nuestro cerebro a través de los sentidos despertando y modificando relaciones mentales alguna vez generadas. Sin embargo, podemos ir todavía más allá de responder a nuestros más atávicos instintos que gestionan la realidad de un modo adecuado para la supervivencia. Podemos realizar el proceso mental de la abstracción, virtud el cual desarrollamos sistemas de pensamiento que permiten detectar las regularidades presentes en la naturaleza para llegar a un nuevo nivel de comprensión. Cuan inútiles son nuestros sentidos y el simple proceso de aprehender la realidad, cuan desdichados seríamos si sólo pudiésemos ver lo evidente, si de la flor solo pudiésemos percibir su delicada forma, su grácil olor. Como diría Feynman, nos perderíamos las dimensiones adicionales de belleza singular que derivan del conocimiento de la trayectoria evolutiva de la especie de la flor, perderíamos todo aquello proporcionado por nuestro sexto sentido organizado: la ciencia.

La abstracción, aunque útil herramienta puede llegar a desvirtuar la imagen que tenemos del mundo si no se acompaña de la cautela efectiva necesaria. Con menos libertad que los matemáticos, los científicos podemos jugar con el mundo teorético de Hyalea  siempre y cuando no nos olvidemos que pretendemos explicar la realidad. Si nos olvidamos del fin último de nuestros juegos podemos acabar creando maravillosas teorías que no refieren a nada o, en el peor de los casos, sobre simplificando un problema de modo que nuestra solución nada tiene que ver con la situación real.

 

  1. Fernando Cervera
    9 diciembre, 2010 a las 22:34

    Bonitas palabras. Hoy me contaba un amigo en la cafetería una anecdota:

    Un amigo suyo, en la carrera de ingeniería de algo, tuvo una pregunta en un examen que era muy buena, decía así; “describe como se derrite un bloque de hielo y cuanto tiempo tardará en hacerlo”, en principio la pregunta parecía una tontería, pero luego, al pensar la solución, el bloque de hielo no se calienta igual por arriba que por abajo, además el volumen varía a una escala diferente de la superficie, por lo que la proporción superficie/volumen cambia cada segundo, por lo que el calentamiento del bloque variará en función del tiempo. También hay que tener en cuenta el efecto del agua derretida, que en contacto con el bloque también interviene, por no hablar de que la habitación varía su temperatura, enfriándose, por lo que dependiendo del volumen de la habitación, el bloque también variará su velocidad de variación de estado.

    Conclusión: Cualquier cosa, por simple que parezca, es una mera abstracción de lo que en realidad ocurre. Hay mil cosas, como la simetría radial de un coral, los pétalos ordenados de una bella flor, el amor, un caracol, los efectos psicotrópicos del LSD, las diferencias corporales entre difernetes variedades, etc etc, que esconden misterios inimaginable. Si para algo ha servido la ciencia es para alargarnos un poco más la vida, y permitirnos adentrarnos un poco más de tiempo en esos misterios.

  2. Carlos
    23 diciembre, 2010 a las 00:28

    Y para permitir maravillarnos al descubrirlos. Lo de morir es, francamente, una mierda. Me encantaría poder seguir conociéndolo todo, ir viendo las cosas que se descubren, y no tener que limitarme a esto. Acabo de acordarme diciendo esto a aquella escena de Galáctica donde un robot critica, y pienso que con razón, por qué tiene que conformarse con un cuerpo como el humano cuando podría tener sensores para detectar muchísimas más cosas e incluso un “cerebro” que lo interpretara mucho mejor.

  1. 12 marzo, 2015 a las 14:09
  2. 12 marzo, 2015 a las 17:11
  3. 12 marzo, 2015 a las 18:33
  4. 12 marzo, 2015 a las 19:58
  5. 13 marzo, 2015 a las 02:45
  6. 13 marzo, 2015 a las 04:23

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