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Las flores del futuro

Science is my territory, but science fiction is the landscape of my dreams.

Freeman Dyson

La ciencia ficción, un género literario que nos permite explorar infinitos futuros concebibles desde una perspectiva imaginativa asentada en la ciencia, debería ser frecuentada por todos los científicos. En mi opinión, constituye una poderosa herramienta para especular en torno a la tecnociencia y su impacto social. Además de su vertiente puramente lúdica, sus capacidades prospectivas, admonitorias, alegóricas, experimentales y didácticas son realmente sorprendentes. Me atrevería a decir que las obras especulativas de ciencia ficción a menudo aportan más intuición sobre los mundos pasados y futuros que cualquier tratado sociológico, porque la intuición requiere imaginación.

La ciencia ficción nace ya con todas sus características actuales de la genial mano de Herbert George Wells (1866-1946). A pesar de una infancia dickensiana, este man of genius logró abrirse camino en el mundo académico gracias a su preclara inteligencia que le permitió estudiar biología con Thomas Henry Huxley. En 1895 publicó The Time Machine y le siguieron en rápida y prodigiosa sucesión The Island of Doctor Moreau (1896), The Invisible Man (1897), The War of the Worlds (1898) y The First Men in the Moon (1901). No conozco de otro literato que escribiese tantas obras maestras en tan poco tiempo. Obras que han encendido la imaginación de generaciones enteras. Borges llegaría a escribir “De la vasta y diversa biblioteca que nos dejó, nada me gusta más que su narración de algunos milagros atroces. The Time Machine, The Island of Dr. Moreau, The Plattner Story, The First Men in the Moon. Son los primeros libros que yo leí; tal vez serán los últimos… [Espero sinceramente que lo fueran] Pienso que habrán de incorporarse, como la fórmula de Teseo o la de Ahasverus, a la memoria general de la especie y que se multiplicarán en su ámbito, más allá de los términos de la gloria de quien los escribió, más allá de la muerte del idioma en que fueron escritos[1].

Edición anotada de Penguin Classics (2005)

Este año se han cumplido 115 años de la publicación de una de sus mejores creaciones, The Time Machine, y que este verano he tenido la oportunidad de volver a leer, esta vez en versión original. Se trata sin duda de una de las más sombrías visiones del futuro humano que se hayan imaginado. Escritores posteriores como Aldous Huxley (nieto del profesor de Wells) o George Orwells escribirían sus propias visiones desagradable del futuro, pero en mi humilde opinión ninguna iguala a The Time Machine como obra de arte. En ella el Viajero del Tiempo se encuentra con que en el año 802.701 E.C. la especie humana ha divergido en dos especies antagónicas. Elois y Morlocks. Los Elois son bellas criaturas frugívoras de naturaleza infantil, pero estúpidos, débiles e inútiles. Los carnívoros Morlocks, repugnantes criaturas albinas que viven en laberínticas y mecanizadas ciudades subterráneas, crían a los Elois como a ganado en una superficie que ha devenido un paraíso terrenal gracias a la aplicación sistemática del conocimiento científico en un pasado ya mítico. En las noches sin luna, los Morlocks salen a la superficie y bajo la débil luz de las estrellas devoran a los atemorizados Elois que tratan de refugiarse inútilmente en gigantescos, pero decadentes palacios. El Viajero del Tiempo finalmente regresa del porvenir trayendo dos flores marchitas que florecerán al cabo de milenios, unas flores que dieron mucho que pensar a Borges. “Más increíble que una flor celestial o que la flor de un sueño es la flor futura, la contradictoria flor cuyos átomos ahora ocupan otros lugares y no se combinaron aún” escribió el argentino[2].

Morlocks en la versión fílmica de George Pal (1960)

El propósito de Wells con esta dramática novela no era predecir, sino advertir. Utilizando su talento como escritor, imaginó posibles futuros para ampliar nuestra cosmovisión, pero también para cargarnos de responsabilidades de índole moral. Wells fue el primer escritor que sitúo a sus protagonistas, con sus pasiones y debilidades, en el contexto de la evolución darwiniana, combinando su comprensión del alma humana con su abierta hostilidad hacia los atavismos de nuestra especie. En su opinión, una especie imperfecta cuyas flaquezas internas, más que las calamidades externas, podían abocarla a un trágico final. Lo cierto es que Wells estaba profundamente enfurecido con nuestra especie por sus locuras, especialmente con el capitalismo cuyas miserias había sufrido en sus carnes bajo la forma del sistema de clases victoriano. Un sistema en el que los desheredados se veían arrastrados a una vida de ignorancia, brutalidad y fealdad, y en el que los refinamientos de la cultura y el arte eran territorio exclusivo de los indolentes burgueses. Wells advertía a sus lectores, principalmente de las clases altas, de que la iniquidad de su sociedad los conduciría a un mundo horrible de crueldad extrema. Realmente es imposible conocer si la pluma de Wells consiguió cambiar directamente algo las cosas, pero me gustaría pensar que si. Desde la publicación de The Time Machine, un éxito de ventas, y hasta su muerte en 1946, Wells se convirtió en uno de los escritores más leídos sobre temas sociales en Inglaterra. Durante esos 51 años abogó incansablemente, junto a sus colegas de la Fabian Society, por el socialismo, la ciencia, el progreso tecnológico y los derechos de la mujer. Wells fue sin duda an important liberator of thought and action en palabras de Bertrand Russell.

El futuro es impredecible, pero quiero creer que no nos espera ninguna pesadilla similar a las imaginadas por Wells. Espero que aquello que hay de noble en nosotros (en innumerables momento dudo de esa nobleza pero entonces leo alguna historia similar a ésta y me convenzo, iluso de mi, en lo contrario) acabe prevaleciendo sobre nuestros demonios. Os dejo con las palabras finales del narrador de The Time Machine, y con su confort:

But to me the future is still blank –is a vast ignorance, lit at a few casual places by the memory of his story [la del Viajero del Tiempo]. And I have by me, for my comfort, two strange white flowers –shrivelled now, and brown and flat and brittle- to witness that even when mind and strength had gone, gratitude and a mutual tenderness still lived on in the heart of man.


[1] “El primer Wells”, en Otras Inquisiciones.

[2] “La flor de Coleridge”, en Otras Inquisiciones.

Categorías:Biografías, Libros
  1. Juan Ángel
    29 septiembre, 2010 a las 22:20

    Las comparaciones son odiosas ¬¬’ (ya que nombras a Huxley, llámame ” EL bulldog de Orwell” si quieres…). Ay…
    :P

  2. pechuan
    7 octubre, 2010 a las 16:37

    Magnífico

  3. Gaby
    14 noviembre, 2010 a las 01:36

    Genial, gran post!
    Gracias, también, por el enlace a Los superhéroes de Chernóbyl.

  4. 15 febrero, 2011 a las 18:07

    Hola Chicos de BioXano.

    nos gustaría haceros una propuesta de colaboración en nuestra Web http://www.yamelose.com, un magazine online de divulgación general en distintas materias. Nos gustaría que nos facilitárais un e-mail de contacto para poder hablar del tema.

    Saludos,

    Mapi

  5. Dani M.
    21 febrero, 2011 a las 00:46

    Hola, te facilito mi email y ya me pondré en contacto con las demás personas del blog, que los veo casi a diario.

    dmartimarti@gmail.com

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