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El último gran viaje

La Tierra es la cuna de la Humanidad, pero no se puede vivir siempre en la cuna

Konstantin Tsiolkovsky (1857-1935), padre de la astronaútica rusa

Ante el indómito y glacial paraje antártico, el irlandés Shackleston diría que su exploración era el último gran viaje que le quedaba por hacer al hombre, pero se equivocaba. El universo blanquecino del hielo ignoto no representaba la última frontera, sino que este título habría de adjudicárselo el azabache del espacio profundo, la sangre reseca de los desiertos marcianos y las gigántescas nebulosas de los vacíos galácticos por nombrar algunas de las muchas maravillas que nos aguardan en los inmensos salones del cosmos (espero que los horrores del estilo de los berserkers de Saberhagen sean escasos).

El 4 de octubre de 1967, con el lanzamiento del Sputnik, los rusos darían comienzo a una nueva era. La humanidad se embarcaba en un proyecto capaz de redimirla de los errores cometidos en el pasado. Los cohetes que hasta entonces habían sido utilizados sólo como mísiles con el objetivo de segar el mayor número de vidas posibles serían ahora las naves espaciales encargadas de proporcionarnos el camino hacia el cielo. Hubo héroes que pensaron que por la conquista del espacio bien valía la pena arriesgar la vida. Creo que no se equivocaban.

Ahora, tras estos largos años de experiencia, nos encontramos ante la disyuntiva de proseguir el camino recorrido o de dar la espalda a los asuntos del universo que nos ha alumbrado (véanse tesis de Jorge Riechmann [1]). Nuestra es la decisión e independientemente del camino por el que nos decantemos, nuestra elección tendrá consecuencias cósmicas que no podemos eludir. Personalmente considero que sería una pena que 15.000 millones de años de evolución cósmica, que es lo que ha tardado la materia en interrogarse sobre sí misma, se deshicieran en el calor de una colisión cometaria o en el caos de la degradación ecológica del planeta cuna. Soy de la opinión de que deberíamos tomar precauciones y expandirnos por el sistema solar, para asegurarnos de que pasase lo que pasase sobreviviera algo de la humanidad. La idea de cercenar nuestro futuro, es tan contraria al impulso animal de supervivencia que apenas puedo concebirla sin incrédula repugnancia. Debemos asegurarnos de nuestra supervivencia, para que todos nuestros esfuerzos como especie no se pierdan en el olvido (“como lágrimas en la lluvia” como dijo el replicante) y entren a formar parte de un proceso perdurable de resonancias futuras.

La foto que he puesto es una de mis favoritas. Esta vista de nuestro bello planeta orlado de nubes elevándose sobre el horizonte de la Luna fue tomada desde la nave espacial Apollo 11. Además de su belleza, me atrae el poderoso contraste con el terreno de la región lunar del Mar de Smyth. La impresión de fragilidad de una pequeña biosfera y una menospreciable civilización tecnológica emergente en un entorno  vasto, estéril y hóstil es sobrecogedora. Nuestro planeta se desplaza  a través de ese entorno unos 2,5 millones de kilómetros cada día alrededor del Sol; ocho veces más rápidamente todavía alrededor del centro de la galaxia Vía Láctea, y quizás todavía el doble de rápido al caer la propia Vía Láctea hacia el cúmulo de galaxias de Virgo. Como dijo Carl Sagan ante esto: hemos sido desde siempre viajeros del espacio. Os dejo unos videos con la música del inigualable Mike Oldfield para acompañar nuestra salida de la cuna.



[1] Riechmann, J. (2004). Gente que no quiere viajar a Marte: ensayos sobre ecología, ética y autolimitación. Los Libros de la Catarata, Madrid.

  1. Bortx
    21 mayo, 2010 a las 19:15

    ¡Fantástica entrada!

    Comparto completamente tu opinión. Somos conscientes que hoy en día la humanidad no es más que una mota de polvo tanto en el espacio como en el tiempo. Si no queremos quedarnos en esto -en una mota de polvo- y que nuestro legado perdure todo lo posible la conquista del espacio es un reto que hay que tener muy en cuenta y poco a poco asumir.

    El problema es que los conscientes somos pocos, dado que los gobiernos -así como gran parte de la sociedad- son incapaces de pensar a tan largo plazo, por lo que esa necesidad parece quedar sólo en un sueño.

  2. Dani M.
    21 mayo, 2010 a las 20:32

    Sí, gran entrada. ;)

    Igualmente, no puedo estar más de acuerdo, creo que nuestra expansión hacia el resto del universo no es que sea una opción, es casi una obligación si queremos seguir creciendo como especie.

    Los vídeos, chulísimos.

  3. 22 mayo, 2010 a las 13:28

    Me ha gustado mucho tu entrada, tus referencias y lo que has dicho aquí, es una entrada de nivel.

    Un saludo.

  1. 12 abril, 2011 a las 20:31

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